Psicología clínica - presencial & virtual
Juego problemático y apuestas: cuando jugar deja de ser un juego
Las apuestas suelen presentarse como una forma de entretenimiento, diversión o incluso como una oportunidad para “ganar dinero”. Sin embargo, cuando el juego comienza a ocupar un lugar central en la vida de una persona, puede transformarse en un problema que afecta su bienestar emocional, sus vínculos y su economía.
Luciano Car
8/17/20262 min read
El juego problemático no se define únicamente por cuánto dinero se apuesta, sino por la dificultad para controlar la conducta de jugar y por las consecuencias que comienza a generar.
¿Cuándo puede convertirse en un problema?
Algunas señales de alerta son:
Pensar constantemente en apostar o en cómo recuperar dinero perdido.
Aumentar progresivamente las cantidades apostadas.
Intentar dejar de jugar y no conseguirlo.
Sentir irritabilidad o ansiedad cuando no se puede apostar.
Ocultar o minimizar cuánto se juega.
Pedir dinero prestado o utilizar dinero destinado a otras necesidades.
Descuidar el trabajo, estudio, familia o amistades.
Continuar apostando a pesar de las consecuencias negativas.
Intentar “recuperar lo perdido” apostando nuevamente.
Uno de los mecanismos que puede mantener el problema es precisamente esta última idea: “si sigo jugando, puedo recuperar lo que perdí”. Pero las pérdidas no generan una deuda que deba recuperarse mediante nuevas apuestas. Intentar compensarlas apostando nuevamente puede profundizar el problema.
El componente psicológico
Las apuestas no involucran solamente dinero. También pueden convertirse en una forma de regular emociones: escapar del aburrimiento, disminuir la ansiedad, buscar excitación, distraerse de problemas o sentir una sensación momentánea de logro.
Además, las recompensas impredecibles pueden generar un fuerte deseo de continuar jugando. Una ganancia ocasional puede reforzar la conducta y alimentar la expectativa de que la próxima apuesta también será favorable.
Por eso, “tener fuerza de voluntad” no siempre alcanza. Cuando la conducta se vuelve difícil de controlar, es importante comprender qué función está cumpliendo el juego y qué factores están manteniendo el comportamiento.
Pedir ayuda también es parte del proceso
Reconocer que las apuestas están generando dificultades no significa haber fracasado. Significa poder identificar un problema y comenzar a trabajar sobre él.
La intervención psicológica puede ayudar a comprender los disparadores de la conducta, trabajar pensamientos asociados al juego, desarrollar estrategias de regulación emocional y recuperar progresivamente espacios, vínculos y actividades que hayan quedado desplazados.
El objetivo no es solamente dejar de apostar. Es poder construir otras formas de disfrutar, afrontar lo que nos pasa y relacionarnos con el tiempo y el dinero.
A veces, el primer paso no es dejar de jugar.
Es poder decir: “esto ya no lo estoy pudiendo controlar”